El ethos transcomplejo. Hacia una inteligencia ética

Dra. María Auxiliadora Campos Medina
Vivimos en un espacio interconectado y tecnológico conocido como la tecnosociedad. Para que este entorno evolucione positivamente, es fundamental asumir el reto de transformar nuestra forma de pensar y acercar el conocimiento a un nuevo tipo de ser humano: uno interactivo, reflexivo, dialógico y crítico. El avance tecnocientífico debe ser el medio para el desarrollo de la humanidad y no un fin en sí mismo.
El reto de superar el materialismo frío
Actualmente, existe el riesgo de quedar atrapados en una era materialista dominada por el instrumentalismo y una tecnología fría. Si el ser humano anula su consciencia ética, terminará operando en un contexto deshumanizado donde las personas son vistas como simples máquinas de producción.
Para evitar esto, necesitamos integrar una visión transcompleja, que he denominado el ethos transcomplejo que apoye en gestionar el trípode fundamental del ser humano: razón, emoción y ética. La tecnosociedad debe trascender el egoísmo económico, diseñar entornos digitales que promuevan la empatía algorítmica y crear estrategias proactivas para disminuir las brechas sociales.
Pilares de la ética transcompleja
Construir un mundo verdaderamente compartido requiere reescribir nuestros valores desde la empatía y la interconexión. Para ello, la episteme transcompleja propone los siguientes pilares:
-Modelo triangular de vida. La responsabilidad social de los individuos debe apoyarse en la reflexión recursiva, la justicia y el desarrollo de virtudes para fomentar una cultura de la verdad.
-Enfoque biocéntrico. Según Stella (2025) debemos alejarnos de la visión deshumanizante que solo se centra en el hombre, buscando una sostenibilidad ambiental y social que proteja la dignidad de toda criatura frente a los impactos negativos de la disrupción digital.
-De la subjetividad a la intersubjetividad. La ética ya no puede ser un ámbito puramente individual. Debe transformarse en un «océano» interconectado de significados donde se respete el pensamiento del otro mediante acuerdos consensuados.
-Renovación de la ciencia. Como argumentan Salazar et al. (2025) es necesario modificar la rigidez de las posturas epistemológicas tradicionales, abriendo paso a nuevos horizontes con rigor científico, pero siempre garantizando la preservación de la dignidad humana.
Las tres dimensiones del deber humano
Para reconciliar el valor de la vida con la tecnología y superar la lucha interna entre nuestra racionalidad y emocionalidad, la perspectiva de Morin (2006) plantea tres deberes vitales:
-Deber autoético. Surge de la autocrítica y la introspección personal. Nos permite asumir responsabilidades individuales y usar el discernimiento para alejarnos del relativismo.
-Deber sociocéntrico. Es la responsabilidad frente a la sociedad para evitar la pérdida de la solidaridad y la empatía. Se basa en una relación mutua en la que el individuo hace evolucionar a la sociedad, y esta, a su vez, protege al individuo.
-Ética planetaria o suprema: Representa nuestro deber con el ecosistema y las futuras generaciones, siendo el cimiento necesario para construir una «civilización del amor» que supere los muros del raciocinio frío.
Conclusión
Adoptar el ethos transcomplejo es despertar a la lucidez y la moral, utilizando la responsabilidad y el bien común como escudos contra la rápida obsolescencia tecnológica. Es momento de abandonar el mecanicismo y el pensamiento fosilizado para complementar nuestros saberes con empatía y, así, trascender la deshumanización técnica hacia un desarrollo plenamente humano.
Referencias
Morin, E. (2006). El método 6: Ética. Cátedra.
Salazar Varela, S., Ruiz Mendoza, B., Peña Peinado, R., y León de Valero, R. (2025). Thesaurus Transcomplejo 2025. FEREDIT. https://dialnet.unirioja.es/descarga/libro/1005993.pdf
Stella, M. (2025). Ética de la tecnociencia y la Inteligencia Artificial. FEREDIT. https://zenodo.org/records/15385440
