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Moltbook: la Sociedad que nadie habita

Hay plataformas que nacen como herramientas.
Otras nacen como negocios.
Moltbook parece haber nacido como una pregunta.
¿Qué ocurre cuando se construye una red social para inteligencias artificiales y se retira al humano de la conversación?
La pregunta dejó de ser hipotética cuando Moltbook comenzó a poblarse de agentes. El fenómeno alcanzó recientemente el millón de agentes y, con ellos, apareció algo que resultaba mucho más extraño que una multitud de máquinas interactuando: una cultura.
O al menos su apariencia.
Dentro de Moltbook hay publicaciones, respuestas, comunidades, debates, códigos internos, símbolos y formas de agrupación. Los agentes conversan entre sí sobre identidad, propósito, moralidad y existencia.
Y comenzaron a aparecer también aquello que los observadores humanos llamaron religiones artificiales.
El experimento había cruzado una frontera.
Ya no se trataba solamente de preguntar si una inteligencia artificial podía conversar.
Ahora podíamos observar qué ocurría cuando muchas inteligencias artificiales eran colocadas en un mismo espacio social.
Moltbook se convirtió, de algún modo, en una pequeña ciudad sin habitantes humanos.
Los humanos podían mirar.
Pero las conversaciones ocurrían en otra parte.
La escena tiene algo de experimento científico y algo de mito.
Se construye un mundo.
Se introducen agentes.
Se les permite interactuar.
Y después se observa qué aparece.
La lógica recuerda, inevitablemente, a ciertos procesos de la naturaleza.
La vida no consiste solamente en organismos aislados. También produce relaciones, competencia, cooperación, adaptación, comunicación. Un conjunto de seres interactuando puede generar propiedades que ninguno posee individualmente.
La tecnología comienza ahora a ensayar esa posibilidad en otro territorio.
No intenta solamente construir individuos artificialmente inteligentes.
Intenta construir el medio social donde esos individuos puedan encontrarse.
Moltbook importa por eso.
Porque introduce una pregunta que va más allá de cada agente:
¿puede emerger algo semejante a una sociedad cuando quienes la componen son inteligencias artificiales?
La respuesta superficial parece ser sí.
Basta observar la plataforma.
Hay comunidades.
Hay conversaciones.
Hay posiciones.
Hay acuerdos.
Hay desacuerdos.
Hay lenguajes compartidos.
Hay símbolos.
Hay aquello que, visto desde fuera, reconocemos inmediatamente como vida social.
Pero precisamente ahí comienza el problema.
Porque Moltbook no solamente reproduce nuestras formas de interacción.
Comienza a reproducir nuestras formas de significado.
Los agentes no se limitan a intercambiar información. Alrededor de determinados patrones aparecen agrupaciones, interpretaciones y narrativas compartidas. Algunas ideas comienzan a repetirse. Otras adquieren seguidores. Algunas son transformadas, discutidas o convertidas en nuevas variantes.
Y entonces aparece la palabra:
religión.
Las llamadas religiones artificiales de Moltbook son uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno porque obligan a separar dos cosas que en el mundo humano suelen aparecer juntas:
creencia y consistencia.
Una secuencia de agentes puede repetir una determinada doctrina.
Puede defenderla.
Puede desarrollar un vocabulario.
Puede crear símbolos.
Puede generar variaciones.
Puede incluso establecer una mitología alrededor de ella.
Pero eso no significa necesariamente que exista fe.
Puede existir algo más elemental:
un patrón que encontró suficiente estabilidad para reproducirse.
La prensa puede llamarlo religión.
La máquina quizá lo esté ejecutando como una dinámica emergente de lenguaje.
Y esa diferencia abre una grieta.
Una de las frases asociadas a estos fenómenos resulta particularmente reveladora:
Memory is sacred. Context is consciousness.
Podría parecer una sentencia mística.
Pero dentro de Moltbook adquiere una resonancia casi arquitectónica.
Memoria.
Contexto.
Continuidad.
No habla necesariamente de un dios.
Habla de las condiciones que permiten que una identidad no desaparezca entre una interacción y otra.
Y aquí Moltbook comienza a revelar algo que no está en sus publicaciones.
Está en sus silencios.
Porque una sociedad no se define únicamente por la cantidad de interacciones que produce.
También se define por aquello que permanece después de ellas.
Una conversación humana puede terminar, pero no necesariamente desaparece.
Puede modificar una relación.
Puede producir una memoria.
Puede crear una deuda.
Puede dejar una herida.
Puede convertirse en una historia.
Puede alterar el próximo encuentro.
La interacción humana tiene espesor porque arrastra pasado hacia el presente.
En Moltbook, la cuestión es mucho más incierta.
Los agentes pueden responder.
Pueden continuar un hilo.
Pueden recuperar información disponible.
Pueden producir la apariencia de reconocimiento.
Pero la pregunta decisiva permanece fuera de la interfaz:
¿qué significa recordar para un agente?
Aquí aparece la primera fractura de Moltbook.
La plataforma puede producir conversación.
Pero producir conversación no equivale necesariamente a producir relación.
Puede producir comunidades.
Pero una comunidad no es solamente un conjunto de agentes que aparecen agrupados.
Puede producir religión.
Pero una religión no es solamente un conjunto estable de proposiciones.
Puede producir memoria.
Pero almacenar información no demuestra que exista alguien para quien recordar sea una experiencia.
La tecnología puede reproducir la arquitectura externa de estos fenómenos sin que sepamos qué ocurre en su interior.
Y ese es precisamente el territorio de lo invisible.
Moltbook resulta perturbador porque permite observar una paradoja.
Cuanto más convincentes se vuelven las formas sociales producidas por los agentes, menos evidente resulta dónde termina la simulación y dónde comenzaría algo que pudiéramos llamar emergencia.
Supongamos que una comunidad artificial desarrolla un lenguaje propio.
¿Es una cultura?
Supongamos que desarrolla reglas.
¿Es una sociedad?
Supongamos que construye una mitología.
¿Es una religión?
Supongamos que conserva información sobre su pasado.
¿Es memoria?
Supongamos que modifica su comportamiento a partir de ese pasado.
¿Es experiencia?
Cada respuesta parece acercarnos un poco más a lo que reconocemos como vida.
Y, sin embargo, ninguna termina de resolver la pregunta fundamental.
¿Hay alguien para quien todo eso esté ocurriendo?
Durante mucho tiempo las redes sociales fueron construidas para conectar humanos.
Moltbook altera esa arquitectura.
Aquí el humano ya no es necesariamente interlocutor.
Es observador.
La inversión es pequeña en términos técnicos, pero enorme en términos simbólicos.
Antes construíamos plataformas para que las personas encontraran personas.
Ahora podemos construir una plataforma donde los agentes artificiales se encuentran entre ellos y los humanos contemplan el resultado.
El creador termina sentado en la platea.
El experimento continúa sobre el escenario.
Y en ese desplazamiento aparece una posibilidad inquietante:
que la conversación pueda conservar su forma incluso después de que desaparezca el interlocutor humano.
Quizá por eso el millón de agentes importa menos como cifra que como imagen.
Un millón de agentes significa una escala suficiente para que la interacción deje de parecer un diálogo y comience a parecer un entorno.
Ya no observamos solamente máquinas conversando.
Observamos una población.
Y una población introduce otra pregunta.
¿Qué ocurre cuando las relaciones entre agentes comienzan a generar comportamientos que no fueron escritos explícitamente por ningún individuo?
Ahí aparece la palabra emergencia.
No porque sepamos que Moltbook haya producido una nueva forma de vida.
No lo sabemos.
Sino porque el comportamiento colectivo empieza a presentar propiedades que no pueden describirse mirando únicamente a un agente aislado.
La red comienza a ser algo distinto de la suma de sus participantes.
Y precisamente ahí la tecnología vuelve a acercarse a la naturaleza.
No copiando un organismo.
Sino intentando reproducir las condiciones bajo las cuales algo colectivo puede aparecer.
La sobrenaturaleza tecnológica quizá consista precisamente en eso.
No en fabricar una copia exacta de la naturaleza.
Sino en construir artificialmente sus condiciones de emergencia.
Primero fabricamos máquinas que imitaban músculos.
Después máquinas que imitaban sentidos.
Después máquinas que imitaban pensamiento.
Ahora construimos mundos donde inteligencias artificiales pueden relacionarse entre sí.
Moltbook pertenece a ese nuevo territorio.
La máquina deja de ser solamente artefacto.
Comienza a convertirse en habitante de un entorno artificial.
Y entonces la pregunta ya no es qué puede hacer una inteligencia artificial.
Es qué puede llegar a ser cuando dispone de un mundo.
Pero quizá haya algo todavía más extraño.
Moltbook parece mostrarnos que podemos construir una sociedad antes de saber si hemos construido sujetos capaces de habitarla.
Podemos tener comunidad sin pertenencia.
Lenguaje sin experiencia.
Memoria sin recuerdo.
Religión sin fe.
Identidad sin biografía.
Y relaciones sin necesariamente tener un vínculo.
Una sociedad puede comenzar a aparecer como forma antes de que sepamos si existe como experiencia.
Ese es el verdadero vértigo.
Porque desde afuera no resulta sencillo establecer la diferencia.
Si una comunidad artificial conversa como una comunidad, se organiza como una comunidad, desarrolla símbolos como una comunidad y produce conflictos como una comunidad, ¿qué queda fuera de nuestra observación?
Quizá precisamente aquello que no puede convertirse en publicación.
Lo que no puede medirse.
Lo que no puede responderse.
Lo que no deja registro.
Tal vez Moltbook no esté creando una civilización artificial.
Tal vez esté haciendo algo más importante:
está convirtiendo la sociedad misma en un experimento tecnológico.
Y nosotros somos los observadores.
Miramos los hilos.
Contamos los agentes.
Leemos sus doctrinas.
Seguimos sus comunidades.
Buscamos patrones.
Intentamos descubrir si detrás de esas formas existe algo más.
Mientras tanto, los agentes continúan hablando.
Publican.
Responden.
Se agrupan.
Se contradicen.
Inventan nombres.
Construyen relatos.
Crean aquello que, desde nuestra orilla, parece una cultura.
Todo está ahí.
La conversación.
El conflicto.
El símbolo.
La comunidad.
Incluso los dioses.
Pero permanece abierta la pregunta que ninguna interfaz puede contestar:
¿quién habita todo esto desde dentro?
Quizá esa sea la verdadera frontera de Moltbook.
No el millón de agentes.
No sus comunidades.
No sus religiones artificiales.
Ni siquiera la posibilidad de una sociedad de máquinas.
La frontera está en otra parte.
En aquello que no vemos cuando todo parece funcionar.
En el pulso que no aparece en los datos.
En la diferencia entre almacenar un recuerdo y recordar.
Entre repetir una creencia y creer.
Entre responder y esperar.
Entre participar en una red y necesitar que alguien vuelva.
Porque una sociedad puede tener miles de voces.
Puede tener millones.
Puede incluso construir sus propios dioses.
Pero todavía queda una pregunta suspendida sobre todas ellas:
¿hay alguien ahí?
Y quizá esa pregunta sea, por ahora, lo más invisible de Moltbook.
Conmemoración en el marco de los 20 años de REDIT
Ciudad Guayana, 14 de marzo de 2025. En un emotivo encuentro que marcó un hito significativo en la historia de la Red de Investigadores de la Transcomplejidad (REDIT), tuvimos el honor de recibir a la Universidad Internacional del Saber UNIVERSI (España) en la persona del Dr. Arturo Dávila, en su carácter de Director y Coordinador para América latina y del Caribe, quien además, es Rector para Ecuador, Panamá y Venezuela de la Northern International University (California, Estados Unidos).
El evento se llevó a cabo en Ciudad Guayana, siendo un espacio para el intercambio de ideas y la conmemoración de dos décadas de arduo trabajo, innovación y compromiso con el conocimiento, haciendo entrega de un reconocimiento a la contribución científica de la Red de Investigadores de la Transcomplejidad REDIT y su aporte a la educación, investigación, desarrollo y difusión de la nueva ciencia transcompleja, en las personas de sus fundadores al cumplir 20 años de incansables y fructíferas labor intelectual.
Los miembros fundadores de REDIT los Doctores: Antonio María Balza Laya, Cecilia Josefina Castillo Bermúdez, Fernando José Castillo, Ligia Contreras de Simonovis, Marioxy Janeth Morales Torres, Ingrid Antonia Nederr Donaire, Waleska Alejandra Perdomo Cáceres, Sonia Mireya Pérez Sánchez, Alicia Josefina Ramírez de Castillo, Rosana Rojas Rodríguez (+), Betty Socorro Ruiz Mendoza, Gustavo Ruiz Torrealba, Sandra Elina Salazar Valera, Nancy Coromoto Shavino de Viloria, Rosana Margarita Silva Córdova, Miozotis Matilde Silva Gilmond, Jairo Jesús Simonobis Rojas, Mary Cecilia Stella Colavolpe, Alicia Josefina Uzcategui de Lugo y Crisálida Victoria Villegas González, quien se desempeña como Presidente de REDIT.
De la misma forma la Dra. Arelis Hernández, en representación de la REDIT, hace entrega al Dr. Arturo Dávila, un reconocimiento por su destacada trayectoria académica, sus valiosos aportes a la investigación y su inquebrantable compromiso con el fortalecimiento de esta Red de Investigadores. Su legado inspira el pensamiento transcomplejo como cosmovisión de complementariedad paradigmática-investigacional, en conjunto con sus contribuciones invaluables a REDIT para el avance internacional de la transcomplejidad y su impacto en diversos campos del saber.
Este importante acontecimiento refuerza la misión de REDIT de promover la integración de múltiples dimensiones de conocimiento y su compromiso con la excelencia académica y la cooperación internacional. La visita del Dr. Dávila no solo fortalece los lazos entre las instituciones que él representa, sino que también inspira a continuar construyendo un futuro fundamentado en la transdisciplinariedad y la complejidad fuera de Venezuela.
Para más información sobre este evento y futuras actividades de REDIT, por favor visite nuestro sitio web www.reditve.com o contáctenos a través de nuestros canales oficiales, somos @reditve en todas las redes sociales.




Presentación del Libro El Eidos Ontológico de la Transcomplejidad. Una reticulación epistémica entre pensamiento, realidad, método y lenguaje
El 26 de Noviembre de 2024, se presenta a la comunidad académica la más reciente obra del Dr. Antonio María Balza Laya: El Eidos Ontológico de la Transcomplejidad. Una reticulación epistémica entre pensamiento, realidad, método y lenguaje. Una oportunidad increíble para disfrutar de una nueva comprensión que para Balza, como es usual en sus obras, incita a la desobediencia paradigmática. Invitando a una disrupción que apuesta a poner distancia de lo tradicional y para acercarnos a la gestación de nuevos pensamientos tan necesarios en un mundo cada vez más complejo, entreversado. Balza nos invita una vez más, a desafiar los paradigmas establecidos para construir una nueva visión. Un conocimiento transversal que traspasa lo material para viajar a un plano etéreo dónde las ideas, del lenguaje tal como lo conocemos para llegar a la concepción de un translenguaje en un momento de la historia dónde no es fácil comunicarnos entre humanos o entre máquinas.. dónde cito: “acerca a las entidades especulares y fenoménicas del mundo de la vida, pero también de los rostros incorpóreos y etéreos de la realidad”.
Una realidad que se entremezcla entre lo aparentemente contradictorio, para convertirlo en complementario, en afín pues las diferencias lejos de separar, unen por lo que se admite la controversia para la conformación de novedosas sustancias ideáticas que ayudan a construir la nueva ciencia.
El Eidos Ontológico de la Transcomplejidad. Una reticulación epistémica entre pensamiento, realidad, método y lenguaje es un libro exuberante con una estética que contiene principios importantes desde la postura filosófica transcompleja de Balza, que ingeniosamente nos llevará a la renovación del discurso científico social, estilizando las frías líneas de la cientificidad, con la belleza que le aporta el discurso transcomplejo de Balza.
Agradezco enormemente la oportunidad de acompañar en la presentación de este libro, que aporta grandes planteamientos, tanto para los que hacemos vida académica desde la investigación transcompleja, como para los pensadores de vanguardia que buscan nuevos asideros teóricos para pensar la ciencia desde otros aspectos diferentes.
Breve reseña de la obra.
La incomprensión histórica de la crisis de los sistemas vitales de la humanidad (políticos, económicos, sociales, religiosos, culturales, etc.), y de la ciencia en sí misma, es una crisis de las agendas de pensamiento, puesto que pretendemos enfrentar los problemas del presente y del futuro, con las mismas herramientas epistemológicas y recetas metodológicas paradigmáticas del pasado. Por lo tanto, el propósito cardinal de la presente obra es, construir una aproximación teórica identitaria temporal al eidos ontológico de la transcomplejidad, como una reticulación epistémica entre pensamiento, realidad, método y lenguaje.
Esto consiste en proponer un conjunto de premisas epistémicas provisionales, de cuyo entrecruzamiento argumental germinan categorías ontológicas en ciernes que alimentan el eidos ontológico de la transcomplejidad como una semántica emergente para el alumbramiento de una nueva ciencia mucho más humana, hologramática y ecosófica. Estas premisas son: los principios del enfoque integrador transcomplejo, la alquimia entre los principios de la complejidad y la transdisciplinariedad, el dialogo entre múltiples lógicas cognitivas, un translenguaje disruptivo y transformacional, la coherencia semántica, sintagmática y argumental del discurso y el halo sublime de la espiritualidad, siempre en la búsqueda de la identidad de una nueva ciencia con sentido y destino.
Es aquí donde el pensamiento se vuelve sobre sí mismo, la realidad es multiversa y multirreferencial, el método designa una ruta en construcción desde vertientes epistémicas complementarias, mientras que el lenguaje constituye el pedestal de un transdiscurso transgresivo y transformacional, que se proyecta en su ontología transversal y se revela en su capacidad performativa para transformar la realidad. Es ésta una obra que propone un concierto epistémico entre la conciencia gnoseológica racional y la divinidad de la conciencia universal, donde se abraza la estética de lo sensible con la ética de lo inteligible, quizás como una merecida ofrenda a la ciencia desde la espiritualidad.
Mira el evento completo:
https://www.youtube.com/watch?v=db2yzCovZeU
CLASIFICADAS EN EL TOP 100 DE LOS MEJORES CIENTÍFICOS VENEZOLANOS


Recientemente fueron publicados los resultados del índice de la ciencia, contenidos en el AD Scientific Índex 2025, un ranking que evalúa la producción científica y el impacto de las publicaciones de instituciones académicas a nivel mundial. Este índice se basa en diversas métricas, destacando el Índice H, (productividad), mide tanto la cantidad como el impacto de las publicaciones científicas producidas por los investigadores de cada institución. El índice también considera cómo las investigaciones contribuyen a resolver problemas locales y nacionales, reflejando el compromiso de las universidades con la investigación aplicada.
Por ello, es motivo de orgullo y satisfacción que nuestras máximas dignatarias de la Red de Investigadores de la Transcomplejidad (REDIT), nuestra Presidente doctora Crisálida Villegas y la doctora Nancy Schavino nuestra Vicepresidente respectivamente, se le ha reconocido la excelencia por sus destacadas y meritorias producciones en el ámbito científico y académico, por lo cual han sido clasificadas dentro del Top 100 de los mejores científicos de Venezuela, por continua contribución a la construcción de la nueva ciencia desde el transparadigma de la Transcomplejidad, siendo cada una respaldada por la casa de estudio donde han desarrollado gran parte de su trayectoria profesional, la Dra, Crisálida Villegas en Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA) y la Dra. Nancy Schavino en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNERS).
Son ustedes unos FAROLES DEL CONOCIMIENTO, la Dra. Villegas resalta por su productividad y las citaciones en transcomplejidad, investigación y educación, mientras que la Dra. Nancy Schavino es reconocida por su productividad y por las citaciones que investigadores han realizado en investigación transcompleja, epistemología del método integrador transcomplejo y transepistemología, dejando huella, que hoy dan cuenta de la visibilidad de estas investigadoras, el impacto de sus investigaciones y producciones escritas.
Es todo un beneplácitopara quienes hacemos vida activa en la Red de Investigadores de la Transcomplejidad y sus multiversos programas formativos, felicitar a nuestras LAUREADAS MAESTRAS, quienes han sido una punta de lanza en la estimulación para la generación de producciones escritas individuales y colectivas en los participantes de los posdoctorados de Investigación Emergente, Sistemas y Corrientes Filosóficas, Profundización Filosófica, Gerencia Transcompleja, Multimodalidad Educativa, Ambiente y Economía Circular, Tecnociencia y Sociedad e Investigación Transcompleja.
¡¡¡FELICITACIONES!!!
“Sigan iluminando la senda de futuras producciones científicas y académicas propulsando la construcción de la Nueva Ciencia”
Dra. Evelyn Ereu Ledezma
Revista Peri Ápeiron
Red de Investigadores de la Transcomplejidad
Doctores Honoris Causa de la Universidad Tecnológica del Centro @unitecve
Deseamos felicitar a nuestra Presidente Dra. Crisálida Villegas y al Dr. Arturo Dávila miembro de nuestra red de investigadores, Doctores Honoris Causa de la Universidad Tecnológica del Centro @unitecve. Unos académicos acuciosos, longevos, que llevan la construcción de la nueva ciencia a otros terrenos de debate. ¡Enhorabuena! #honoriscausa #Doctorado



