
Visión Transcompleja de la Inteligencia Artificial
Dra. Crisálida Villegas
Dra. Nancy Schavino
La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido con inusitada fuerza en los escenarios socio-tecnocientífico del presente. Las aproximaciones convencionales tienden a presentar la IA como un recurso de automatización y optimización, por lo que su valor depende de la velocidad con que procesa información, de la exactitud de sus predicciones o de la eficiencia que aporta a una tarea determinada.
Sin desconocer tales aportes, esta visión resulta insuficiente, por lo que se hace imposible considerarla un asunto exclusivo de la informática o de la ingeniería. La IA modifica las relaciones entre sujetos, saberes, lenguajes, instituciones, datos y decisiones y al mismo tiempo, puede ampliar capacidades de investigación y colaboración, pero también reproducir sesgos, profundizar desigualdades, opacar procesos de decisión y favorecer dependencias tecnológicas.
Frente a este escenario, la transcomplejidad como cosmovisión de complementaria paradigmática, teórica y metódica ofrece una perspectiva pertinente para contextualizar la IA como realidad plural, contradictoria, dinámica e incierta. De ahí que venimos planteando que debe ser asumida como un fenómeno transcomplejo, que implica mirarla desde las ciencias naturales y sociales; pero también desde las ciencias espirituales como la ética y el arte, dado que su desarrollo e impacto articulan múltiples dimensiones (Villegas y Schavino, 2025).
Mirada transcompleja de la IA
La mirada desde las ciencias duras como la tecnología comprende los algoritmos, los modelos computacionales, el hardware especializado, las arquitecturas de software y las infraestructuras de procesamiento. Desde la informática remite a la disponibilidad, calidad, clasificación, seguridad, interpretación y gobernanza de la información. Los datos son el sustrato de aprendizaje de numerosos sistemas de IA, pero su selección y tratamiento expresan decisiones humanas, por lo que pueden incorporar sesgos, omisiones y asimetrías.
Desde las ciencias blandas, la visión psicológica se evidencia en la inspiración que muchas arquitecturas de IA encuentran en procesos neuronales y en la necesidad de estudiar las formas de interacción entre sujetos y sistemas inteligentes. La historia permite reconocer que la IA no ha evolucionado linealmente: ha pasado por ciclos de entusiasmo, desencanto y renovaciones asociadas con nuevas capacidades de cómputo, disponibilidad de datos y desarrollos algorítmicos.
Desde la política se revela que las decisiones sobre IA se relacionan con poder, regulación, seguridad, empleo, vigilancia, privacidad, inclusión y distribución de recursos. La visión educativa implica repensar currículos, competencias, procesos de aprendizaje, tareas docentes y evaluación. Los estudios culturales exigen atender a valores, creencias, lenguajes y prácticas de los colectivos que diseñan, utilizan o son afectados por la tecnología. Finalmente, la ética compromete asuntos de justicia, transparencia, responsabilidad, autonomía, dignidad y uso socialmente responsable. Esto por nombrar solo algunas posibilidades de pensar la IA desde distintas disciplinas.
Co-emergencia transcompleja
Se propone el concepto de co-emergencia transcompleja para expresar que la realidad transcompleja y la IA no existen como entidades independientes, sino que pueden evolucionar conjuntamente mediante una relación recursiva y dinámica. El prefijo co- indica coexistencia, implicación e influencia mutua; la emergencia alude a la aparición de configuraciones nuevas, no lineales ni plenamente predecibles. La co-emergencia no supone atribuir a la IA una autonomía equivalente a la conciencia humana. Significa reconocer que la interacción entre humanos y algoritmos produce efectos nuevos sobre las formas de aprender, investigar y comunicar (Schavino, 2025).
En esta relación, la IA no sustituye el pensamiento humano, puede ampliar la capacidad de análisis, sugerir conexiones, apoyar simulaciones y facilitar procesos de creación, pero el sentido de las preguntas, la valoración de las consecuencias y la responsabilidad de actuar, permanecen vinculados con los sujetos humanos y colectivos. El riesgo de delegar estas funciones en sistemas automáticos reside en naturalizar decisiones basadas en patrones estadísticos sin considerar los contextos, las injusticias, los afectos y las consecuencias sociales que dichos patrones pueden ocultar.
La co-emergencia transcompleja invita, por tanto, a comprender la coexistencia humano-IA como una relación de complementariedad crítica. Las capacidades de procesamiento de los sistemas inteligentes pueden articularse con las capacidades humanas de juicio, imaginación, sensibilidad, deliberación ética y compromiso social. La tecnología se convierte así en posibilidad de expansión cognitiva, siempre que no se transforme en mecanismo de subordinación, homogeneización o control.
Consideraciones finales
La inteligencia artificial constituye una realidad que interpela profundamente las formas contemporáneas de conocer, investigar y comunicar. Su alcance no puede ser reducido a la eficiencia técnica ni a la automatización de tareas, ya que se encuentra imbricada con dimensiones tecnológicas, informáticas, psicológicas, históricas, políticas, educativas, culturales y éticas, entre otras, por lo que su comprensión requiere una mirada transcompleja.
La transcomplejidad permite asumir la IA como fenómeno emergente, relacional y multidimensional. Esta perspectiva supera las oposiciones simplificadoras entre humano y artificial, entre entusiasmo y rechazo, entre determinismo tecnológico y negación de la innovación. La pregunta central no es si la IA es buena o mala en abstracto, sino cómo se diseña, utiliza, regula e integra en procesos orientados por valores de dignidad, pluralidad, sostenibilidad y responsabilidad.
Referencias
Villegas, C y Schavino, N. (2025). Epistemo-Metodolog-IA de la Transcomplejidad. FEREDIT. https://shre.ink/GyoA
